The Poet Dog

Para Eduardo Sarmiento que dibuja deseos.

Por su vida de perro
El poeta convierte en soles los días verdaderos.
Es un sitio donde desfilan caras conocidas
La perra madre con su hueso de hombre
La raíz solitaria que alimenta
Los círculos concéntricos
Y su canción
Ese aguanilebongó triste
Tartamudeado en su memoria.
El oro no vive en sus colores
Y quien lo mira piensa:
Es un regalo del cielo su miseria.
Sabe que no es ladrar su mejor suerte
Y es que en verdad ni canta.

Lo que nos manipula
Es que escupe a la cara con dulzor.

J. C. Valls
Miami, 2009